LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL LLEGA A LAS AULAS Y CAMBIA LA FORMA DE EVALUAR A LOS ALUMNOS
Docentes utilizan herramientas como ChatGPT para planificar clases, adaptar actividades y preparar evaluaciones. El desafío ahora es comprobar que los estudiantes comprendan los contenidos y no se limiten a copiar respuestas generadas por la tecnología.
La inteligencia artificial comenzó a modificar las prácticas educativas y la relación entre docentes y estudiantes. Lo que inicialmente generó preocupación por el uso de herramientas como ChatGPT para resolver tareas sin esfuerzo propio, hoy abre un debate sobre cómo incorporar esta tecnología a la enseñanza y evaluar los aprendizajes.
Cada vez más docentes recurren a estas herramientas para preparar clases, elaborar ejercicios, adaptar materiales a distintos niveles y organizar sus actividades. Sin embargo, su utilización también plantea interrogantes sobre el desarrollo del pensamiento crítico, la comprensión lectora y la capacidad de los alumnos para explicar lo que presentan en sus trabajos.
Según un relevamiento publicado por TN Tecno este martes 27 de octubre, profesores y especialistas en tecnología educativa coinciden en que las escuelas necesitan establecer criterios claros para el uso de la inteligencia artificial, además de capacitar a los docentes y revisar las formas tradicionales de evaluación.
De la prohibición a la incorporación en las escuelas
Durante los primeros años de expansión de ChatGPT, una de las principales preocupaciones de las instituciones educativas era que los estudiantes utilizaran la herramienta para completar tareas sin leer los materiales ni elaborar sus propias respuestas.
Con el tiempo, la discusión comenzó a cambiar. Algunos profesores incorporaron la inteligencia artificial a su trabajo cotidiano y buscan estrategias para aprovechar sus posibilidades sin perder de vista los objetivos pedagógicos.
Entre sus aplicaciones se encuentran la elaboración de mapas conceptuales, la preparación de actividades diferenciadas según las necesidades de cada curso y la búsqueda de recursos complementarios para trabajar determinados contenidos.
Aún existen resistencias entre los docentes, vinculadas con el desconocimiento de las herramientas y las dudas sobre sus efectos en el aprendizaje.
Cómo cambió la forma de evaluar a los estudiantes
Uno de los principales desafíos aparece cuando un alumno presenta un trabajo bien redactado, con información correcta y conceptos complejos, pero no puede explicar su contenido cuando el docente le hace preguntas.
Frente a esta situación, algunos profesores comenzaron a incorporar actividades en las que los estudiantes utilizan inteligencia artificial de manera explícita y luego deben explicar, con sus propias palabras, lo que aprendieron.
También se recurre a las defensas orales, las preguntas individuales y las consignas que exigen relacionar conceptos, argumentar y aplicar los conocimientos a situaciones diferentes.
La idea es que la evaluación no se limite al resultado final, sino que permita conocer cómo llegó el estudiante a una conclusión, qué información seleccionó y si realmente comprendió el tema.
Los especialistas también advierten que las herramientas diseñadas para detectar textos generados con inteligencia artificial pueden cometer errores. Por eso, consideran que sus resultados no deberían utilizarse como única prueba para acusar a un alumno de haber incumplido las reglas.
¿La inteligencia artificial puede corregir exámenes?
La tecnología también comenzó a utilizarse como apoyo para corregir evaluaciones y analizar respuestas escritas. Los sistemas pueden comparar los trabajos con criterios previamente establecidos y sugerir calificaciones, aunque todavía presentan limitaciones.
Una investigación publicada en septiembre de 2026 en la revista Frontiers in Education comparó el desempeño de ChatGPT, Gemini, LeChat y Kimi en la corrección de exámenes universitarios de una maestría en salud pública.
ChatGPT obtuvo coincidencias exactas con las notas de los evaluadores humanos en el 50% de los casos. Cuando se admitieron diferencias de hasta un grado en la escala de calificación, el porcentaje de coincidencia llegó al 90,6%.
Sin embargo, los resultados variaron cuando las evaluaciones se repitieron durante cinco días. Los investigadores concluyeron que estas herramientas pueden servir como asistentes bajo supervisión, pero que todavía no ofrecen la estabilidad necesaria para reemplazar por completo a los evaluadores humanos.
El estudio se realizó en el ámbito universitario, por lo que sus resultados no permiten establecer que el desempeño sea el mismo en todos los niveles educativos.
Los riesgos de depender de estas herramientas
La incorporación de inteligencia artificial también genera preocupación por la posibilidad de que los estudiantes deleguen en ella tareas que necesitan desarrollar por sí mismos, como interpretar textos, relacionar ideas, argumentar y formular hipótesis.
Otro de los problemas señalados es la pérdida de confianza entre docentes y alumnos. Cuando una respuesta está muy bien elaborada, algunos profesores pueden sospechar que fue generada con inteligencia artificial, incluso cuando el estudiante tiene capacidad para producirla por su cuenta.
A esto se suman los riesgos relacionados con la privacidad, los sesgos, la información incorrecta y la exposición a contenidos inadecuados para determinadas edades.
Por eso, los especialistas sostienen que la discusión no debería centrarse únicamente en prohibir o permitir estas herramientas, sino en establecer cuándo utilizarlas, con qué objetivos y bajo qué condiciones.
El desafío para las escuelas será encontrar un equilibrio entre las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial y la necesidad de que los alumnos desarrollen sus propias capacidades. La tecnología puede colaborar con la enseñanza, pero demostrar que se aprendió sigue requiriendo comprensión, razonamiento y capacidad para explicar lo que se sabe.

