EL INDEC ADVIRTIÓ QUE LOS HOGARES POBRES VIVEN EN PEORES CONDICIONES Y TIENEN MENOS ACCESO A SERVICIOS BÁSICOS
Un informe sobre las condiciones de vida en Argentina expuso las desigualdades entre los sectores pobres y no pobres. Las diferencias se observan en la calidad de las viviendas, el acceso al agua potable, el gas, las cloacas y la cobertura médica.
La pobreza en Argentina no se refleja solamente en la falta de ingresos para cubrir los gastos de alimentación y las necesidades básicas. También se traduce en condiciones habitacionales más precarias y mayores dificultades para acceder a servicios esenciales, según un relevamiento del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
El informe, correspondiente al primer semestre de 2026, analizó las condiciones de vida de aproximadamente 30 millones de personas en los 31 aglomerados urbanos relevados. De ese total, 9,7 millones se encontraban bajo la línea de pobreza, lo que representa el 32,3% de la población, mientras que 2,2 millones estaban en situación de indigencia (7,5%).
Los datos también muestran un deterioro en los indicadores de pobreza, que pasaron del 28,2% en el segundo semestre de 2025 al 32,3% durante la primera mitad de 2026.
Las diferencias en el acceso a los servicios
Uno de los aspectos más relevantes del relevamiento es la desigualdad en el acceso a los servicios públicos. Mientras que el 69,1% de las personas que no son pobres cuenta con gas de red, entre los pobres no indigentes la proporción baja al 43,4% y entre los indigentes llega apenas al 29,5%.
En cuanto al acceso al agua corriente, el 91,8% de la población no pobre dispone de este servicio. El porcentaje desciende al 88,5% entre los pobres no indigentes y al 83,2% entre quienes se encuentran en situación de indigencia.
Las diferencias también aparecen en los servicios cloacales. El 76,3% de las personas que están por encima de la línea de pobreza cuenta con conexión a la red pública, frente al 61,3% de los pobres no indigentes y el 52,2% de los indigentes.
Al considerar conjuntamente el acceso al agua corriente, el gas de red y las cloacas, apenas el 19,1% de la población indigente dispone de los tres servicios, frente al 58% de quienes no son pobres.
Viviendas más precarias y mayor exposición a riesgos ambientales
La calidad de las viviendas también refleja las desigualdades sociales. A nivel general, el 78% de la población habita en viviendas construidas con materiales de calidad suficiente. Sin embargo, ese porcentaje llega al 85,3% entre quienes no son pobres, baja al 64,8% entre los pobres no indigentes y cae al 51,5% entre los indigentes.
El relevamiento también advierte sobre las condiciones ambientales. El 6% de la población vive cerca de basurales, pero la proporción asciende al 8,8% entre los pobres no indigentes.
Otro indicador preocupante es la residencia en zonas inundables. Mientras que el 7% de la población no pobre vive en esas áreas, el porcentaje alcanza al 12,5% entre los pobres no indigentes.
Menor cobertura médica y desigualdad educativa
Las diferencias también se manifiestan en el acceso a la salud. En el conjunto de la población, el 50,6% tiene cobertura médica para todos los integrantes del hogar.
Entre las personas no pobres, ese indicador alcanza el 66,7%, mientras que entre los pobres no indigentes desciende al 24,7% y es todavía menor entre quienes viven en situación de indigencia.
En materia educativa, el informe señala que los hogares pobres presentan mayores niveles de rezago. El 48,1% de las personas pobres no indigentes y el 56,1% de las indigentes se concentran en el nivel educativo bajo.
Los indicadores muestran que la pobreza no solo condiciona la capacidad de compra de las familias, sino también el lugar donde viven, los servicios a los que pueden acceder, sus posibilidades de atención médica y las oportunidades educativas.

