Bolivia enfrenta una nueva crisis por la falta de combustible
Bolivia atraviesa un nuevo período de desabastecimiento de combustibles, una situación que volvió a generar largas filas en las estaciones de servicio y complicaciones para el transporte público y de cargas.
Pese al levantamiento de los bloqueos de rutas que durante casi 50 días afectaron al país, la distribución de diésel y nafta continúa siendo insuficiente. En Santa Cruz de la Sierra, las empresas de transporte urbano informaron que apenas la mitad de sus colectivos se encuentra en funcionamiento, mientras que gran parte de los camiones permanece detenida a la espera de poder cargar combustible.
El Gobierno atribuyó la escasez a distintos factores, entre ellos las demoras ocasionadas por los bloqueos, los nuevos controles de calidad implementados para los carburantes y el desvío ilegal de combustible hacia actividades vinculadas al contrabando.
El ministro de Hidrocarburos, Marcelo Blanco, aseguró que la importación continúa realizándose mediante pagos diferidos, aunque evitó precisar cuándo se normalizará el abastecimiento.
Frente a este escenario, la administración del presidente Rodrigo Paz autorizó la importación privada de combustibles mediante un nuevo decreto que busca ampliar la oferta y garantizar el suministro. Sin embargo, el Estado seguirá distribuyendo combustible a través de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).
La crisis tiene un origen estructural: Bolivia importa casi todo el diésel y más de la mitad de la gasolina que consume debido a la caída de su producción interna. La falta de divisas para sostener esas compras provocó que los problemas de abastecimiento se volvieran cada vez más frecuentes desde 2023.
El conflicto también fue uno de los principales detonantes de las recientes protestas sociales. En ese contexto, el Gobierno se comprometió a garantizar combustibles de mejor calidad, investigar las denuncias por productos adulterados y reforzar los controles para recuperar la confianza de los consumidores.

